Este fue uno de los temas más relevantes en el teatro español del Siglo
de Oro y del Barroco. Ambas cosas se sustentan en la opinión que los demás
tienen de uno mismo, y apenas pueden confundirse con facilidad. El honor es la
consideración que un hombre gana por su virtud o sus buenos actos.
La honra, en cambio, se gana con actos propios pero depende de actos
ajenos y se pierde igualmente por estos. Solo se recupera con la venganza, es
decir, se iguala la honra con la muerte del ofensor.
En la sociedad barroca española, todo lo que un hombre era dependía de lo
que era en sociedad, su identidad dependía de su aceptación a un determinado
grupo social, el cual le dictaba las estrictas normas que debía cumplir.
Aunque esto sucedía en todos los niveles de la jerarquía social, poseía
mucha más importancia en los niveles más altos de esta sociedad. Así, la figura
del noble tenía unos deberes a cumplir propios de su condición, y los demás
tenían la obligación de reconocérselos como propios. A su vez, el noble debía
poseer la capacidad de exigirles ese reconocimiento.

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